Con casi certera seguridad, mi destino sea el de tantos otros millones de seres humanos de esta sociedad salvaje en donde como dijo alguien, todo se mide y todo se pesa: desaparecer en el anonimato más simple.
Pero aunque sea como una mota de polvo de esperanza en medio del abismo insipido de esta sociedad, la cual inca sus dientes invisibles mientras se carcajea de demasiados pocos, que se han atrevido a despertar de su acomodado letargo de la ignorancia inducida, quiero y necesito pensar que nuestras espadas,forjadas en una rebeldía atenazada por mil cadenas, saltarán de sus fundas para depositarse en nuestras manos.
Sí, ya lo sabéis, son los sueños delirantes de un revolucionario del siglo XX, que se ha dado de bruces en el nuevo siglo que nos llevará al final a la insensibilización total.
Son pequeñas grandes cosas, son tumores que se generan y se expanden creando una metastasis generalizada en el tejido de una sociedad sigilosamente cruel, hecha y mantenida solo para los más poderosos y fuertes.
Pero yo quiero escribir sobre otro tipo de poder y de fuerza. La que nace y se alimentan de dos mismos conceptos: la nobleza y la convicción de que una lucha es justa porque le atiende la razón y nada hay más poderoso y fuerte, que un pueblo unido que enarbola las dos banderas más temidas por cualquier organimo insensible o peor aún tiranizado: la razón y la justicia.
Yo ya estoy demasiado mal herido aunque de alma, si es que existe, soy poderoso y tengo fuerzas para alzarme y decir "ha llegado nuestra hora", pero manejo mejor la pluma, al menos eso creo, que la espada. No, no penséis que no tengo valor de empuñarla. Pero en mi caso personal, hay dos inconvenientes que tal vez recomendarían que nunca la empuñara: me ciega el odio y la ira.
Por eso es mejor utilizar la pluma.
Ahora solo aspiro a creer que aunque en todo el mundo hayan no más que 100 como yo, el mundo sepa que existimos y que con el poder de la razón y la justicia, se consigan retos que hoy por hoy parecen entre ridiculos y utópicos. Porque tal vez esas espadas de madera esten forjadas, además de por una rebeldia lo estén, por dos
metales más, indestructibles y omnipresentes: la paz y la palabra.
Perdonadme si he dicho cosas demasiado extrañas en este artículo pero he tenido que canalizar mis profundos deseos momentáneos de destrucción y fuego al ver como somos marginados porque nuestros oídos no funcionan.
Al fin y al cabo, soy un ser humano aunque me arrancaran ya demasiados sentimientos.
Y SEGUIMOS DE OBRAS. Disculpad las molestias.
Tags: rabia, ira, furi, espada