lunes, 03 de septiembre de 2007
Era se una vez, Pepito se vio obligado a cambiar de su proveedor habitual de internet al cesar la compañia que tenía contratado el servicio a particulares, para centrarse en grandes empresas.

Pepito, conocedor de la plaga de choriceo que en el mundillo de los proveedores de internet y telefonía ocupaban paginas y paginas en los diarios con sus continuas estafas y engaños, palideció: Había llegado el momento de zambullirse en ese ejambre de ofertas y publicidad engañosa y acogerse a la que menos tufo a podrido podía causarle.

Aconsejado, de buena fe, por un amigo, le habló de Jazztel y que en dicha copañia las cosas le iban muy bien - habría que preguntarle ahora si todo le sigue funcionando igual de bien porque lo cierto es que poca presencia tiene en internet dicho amigo.

Pepito, decidió iniciar los tramites. "Que sea lo que San Tiburcio quiera" Se dijo poco convencido.

Al cabo de algo menos de dos semanas, Pepito recibió el papeleo para ejecutar el alta como usuario ya acogerse a la "suculenta e irrenunciable" oferta de turno que ofrecía la compañia elegida. Pero la primera sorpresa, no se hizo esperar: en el reverso del contrato que Pepito debía firmar, estaba como no, la letra pequeña - tanto que Pepito necesito una lupa para poder leer las condiciones del contrato y eso que se molestó en hacerlo, cosa con la que no cuentan la mayoría de estas empresas y así les crece el pelo a tantos clientes engañados -del contrato y en uno de sus puntos de los múltipres compromisos que asumía como cliente, si firmaba el documento, había el de comprometerse con la empresa un plazo no inferior a dos años. Alarmado, Pepito se puso en contacto con los "eficientes" operadores de Jazztel para preguntar sobre ese punto ya que en la oferta, no ponía que se tuviera que asumir plazo mínimo alguno de permanencia en la compañia. Hay que añadir que Pepito, es sordo y tuvo que recurrir a una persona que hablara telefonicamente en su nombre ya que, como todos sabemos, cualquier tramite importante con estas cuevas de ladrones, perdón, compañías, deben hacerse pasando por la taquilla de los 902.

La respuesta de la operadora, fue pasar al representante de Pepito con el departamento de contrataciones o nuevos cliente y se puso al teléfono - algo casi sobrenatural sino es para darte de alta - un BSTPCC (Bandolero Sin Trabuco Pero Con Corbata) El sujeto, contrariado porque un futuro cliente le digera que había leido los terminos del contrato recibido, le aclaró que ese punto "no tenía importancia y que se limitara a firmar y remitir el contrato".

Pepito, que podía ser muchas cosas menos tonto voluntario, no acabó de convencerle tal explicación y decidió dar por cancelado el proceso de alta. El paciente representante de Pepito, aún con esperanzas de que ahí todos iban de buena fe, le pregunto al BSTPCC si debía hacer algun trámite adicional para que el proceso fuera por dado concluido. El bandolero, tal vez cabreado, respondíó que no. Que se hacía efectiva la cancelación del proceso de alta desde ese mismo instante en que se estaba produciendo esa conversación.

Pero Pepito, no lo vio claro de nuevo y prefirió enviar un fax notificando oficialmente la cancelación del proceso, tal como se indicaba como norma a seguir en caso de querer causar baja de la compañia.

Todo parecía a ver llegado a su fin. Papito solo tenía que buscar otra compañia.

Pero el calvario no había hecho más que comenzar porque el nodo había sido ya ocupado por la compañia Jazztel aun sin haber recibido documento alguno oficial confirmación de contratación. Al tener el nodo ocupado, Pepito no podía contratar a otra compañia ya que esta, le comunicaba que no podian hacerse con el control del nodo hasta que la compañia antigua lo liberara.

Una vía crucis de facturas por pagar - por un servicio que no había cristalizado su contratación, no lo olvidemos -, llamadas desatendidas, reclamaciones, burofaxes que se prolongó durante casi 4 meses, hizo que por necesidad, Pepito tuviera que tomar decisiones drásticas ya que el pobre necesitaba de internet y su banda ancha especialmente por cuestiones médicas, se vio obligado a dar de baja a su línea de telefono y con ella un numero de más de 35 años de antiguedad - siempre aconsejado por la nueva compañia que "intentaba" darte el servicio - ya que sino, el contencioso podía prolongarse durante meses o incluso años, tiempo del que Pepito no disponía.

Además del agravio producido por la compañia Jazztel, incluido el economico, estaba el daño moral a Pepito, el cual no podia defenderse ni tan siquiera de forma personal pues estas compañias creen que entre sus clientes no existen casos de discapacidad y sordera. Jazztel, además de robar estaba aplicando un autentico Apartheid a un ciudadano amparado - pensaba en Leyes que se suponía debían protegerlo com usuario.

Pero Pepito, no iba a resignarse a tanto atropello... al menos no en ese momento.

CONTINUARÁ.

Tags: jazztel, proveedores, internet, compañias, reclamaciones, desamparo

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Comentarios
Autor Visitante
jueves, 06 de septiembre de 2007 | 11:55
A quien se le ocurre quererse divorciar de tu compañia telefonica, no sabes que es un sacramento de por vida????

Jesus