No se si lo habrán notado que empieza hacer calor del asfixiante, después de unas lluvias que han llegado, como el AVE a Barcelona, tarde y no para el gusto de todos, como manda la tradición. Con la llegada del verano, se viven situaciones basadas en los atropellos a los derechos de las personas discapacitadas, pero propias de la época estival.
La que más se escucha es la referente a la escasa existencia de piscinas accesibles para discapacitados, es decir, aquellas que carecen de un simple asiento hidraulico que permite que un disminuido pueda pasarse de su silla de ruedas a dicho asiento y que éste lo descienda de forma segura hasta el agua. Son muy pocas las instalaciones que disponen de esta deferencia que debería ser algo obligatorio en cualquier instalación de aforo mínimo marcado previamente tanto fuerse piscina pública o privada.
En el caso de las piscinas privadas, tal como esta la legislación, poco o realmente nada se puede hacer. Dependes directamente de la "buena voluntad" de los propietarios, que por ejemplo, no tienen un familiar cercano asandose en una silla de ruedas mientras ve al resto chapoteando en el agua de la piscina porque todos tienen dos piernas y movilidad suficiente para no necesitar de estos artilugios. Ya sabemos que, mientras no nos toque la "anomalía" de que alguien cercano a nosotros o incluso a nosotros mismos precisemos de ayudas, se pone en práctica ese dicho de ojos que no ven...
Los que gestionan este tipo de piscinas privadas tienen la excusa perfecta que, en parte, nos tiene que servir de lección a todos los discapacitados: dicen que tienen pocos clientes o ninguno con discapacidad y que entonces ¿para qué poner un asiento hidráulico? Nos dicen tambien que incluso los que van, se apañan sin la silla de ruedas, o sea, se arrastran los metros que lo separan de la silla al agua...
Pero entonces, se imponen un par de tirones de orejas. Unos para los propios discapacitados, que prefieren arrastrarse como gusanos antes de hacer valer sus derechos como personas. Prefieren arrastrar consigo infecciones, hongos y suciedades, para sí mismas y para al agua que luego el resto tendrá que ver como poco a poco invade el líquido.
El otro tiron de orejas es para los propietarios de esas piscinas que prefieren arañar varios miles de euros a costa de que seres humanos lleven porqueria a sus piscinas por arrastrarse y por lo tanto, contribuyendo a una higiende de sus aguas al menos, en tela de juicio.
Si bueno, ya se que hay mucho cerdo por ahí y poco le importan estas cosas y en lugar de hacer piña solidaria, cada uno va a lo suyo, como debe ser, como nos está diciendo esta penosa sociedad que debemos ser.
Ahora, por cada 20 piscinas con accesibilidad para discapacitados, solo 2 presentan accesibilidad mínima y siempre, nos dirán lo mismo: "para los que vienen..." porque algo más incomodo sería decirles "¿Y si todo fuera accesible, seguro que no vendrían?"
Pero hay que ser justos: hay tanto vago y comodon entre los discapacitados. Eso también es verdad y por eso, pagamos el resto. Entre eso y los vanidosos de los propietarios... nos mojaremos, sí, pero en nuestro propio sudor y los que se nieguen a claudicar, arrastraran la porqueria y su decencia como personas hasta el agua y aun los llamarán "guarros". Guarros no lo serán o al menos no se consideren, pero cortitos de luces, sí.
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