viernes, 22 de agosto de 2008



Cuando aún nos vemos sumidos en la consternación de lo que supone asumir una tragedia como la acaecida en Barajas el pasado día 20, contemplamos con una mezcla de tristeza, pesar pero también de indignación y algunos hasta cierta dosis de morbo las historias personales de algunos de los pasajeros y tripulantes del fatídico vuelo 5022 de Spanair con destino a Canarias.

Me temo que tal vez, esta tragédia traiga sorpresas que aún nos proporcionen más indignación.

El mismo día del suceso hablé con varias personas sobre el asunto de los vuelos de bajo coste y llegamos a la conclusión de que no cuadraban las cuentas de lo que supone poner en marcha un vuelo de estas carácteristicas con plenas garantias de seguridad en vigor. Hicimos algunas cuentas, de la lechera, todo hay que decirlo también, y concluímos que la inversión en seguridad tal vez no podría ser la apropiada, teniendo en cuenta que los grandes gastos de este tipo de vuelos se destinan a combustible, sueldos de lso pilotos y tripulación y, se supone, que mantenimiento de los aparatos, que una simple tuerca puede costar un riñón.  Esa es una cuestión que hace que si un billete de este tipo de vuelos cuesta unos 45 euros como mucho, a razón de algo más de 150 pasajeros, ¿sale para cubrir todas las necesidades para garantizar un vuelo seguro? El escándalo puede surgir en cuestión de tiempo así que, como me temo, empiecen a salir a la luz las anomalía de gestión del vuelo.

Tal vez el vuelo siniestrado núnca debió despegar después de la incidencia en el sobrecalentamiento y mala lectura de los indicadores. Dicen que se corrigio la incidencia "aislandola" y por lo tanto se siguió el protocolo establecido no viendo problema alguno para que el 5022 despegara después de una hora de restraso.

A todo ello, como he dicho antes, me llamó poderosamente la atención el caso que contó la hija de un pasajero al cual se le negó la posibilidad de salir del avión antes del despegue y, aunque pueda pecar de escandaloso o exagerado, me parece que esa prohibición, dadas las circunstancias previas que habían acompañado al vuelo podria considerarse algo así como un secuestro aereo ya que, aunque no exista aún normativa concreta al respecto, bien debería estudiarse una aplicación que indicara claramente que, en caso de incidencia técnica previa antes de un despegue, se permita durante un plazo de tiempo razonable, a aquellos pasajeros que prefieran abandonar la areonave, puedan hacerlo. Por supuesto, eso no implicaría el derecho a recuperar el billete para otro vuelo y posiblemente, también la de recuperar el equipaje ya facturado, debiendo esperar que volviese este en otro vuelo y a cargo de su bolsillo - no se puede pedir todo - pero al menos sí, un pasajero que ha perdido confianza en el servicio o por simple aprensión, pueda marcharse.

Lo que le ocurrió a este hombre, le ha costado la vida y eso, humildemente, pienso que es responsabilidad de la compañia aerea que, por mucho protocolo que siguiese con la excusa de estar ya en pista, se optó por impedir a un ser humano y por muy fuerte se suene... salvarse.

Este es uno de los casos que más me ha llamado la atención, supongo que por mi aprensión a volar. Se me puso la piel de gallina.

Como digo, tiempo habrá para que las cosas se calmen pero, espero, la justicia actúe, si el caso finalmente lo requiere.

Mientras tanto, solo cabe sumarse al dolor de las familias de los fallecidos.


Tags: accidente, aereo, spanair, motores, pasajeros, secuestro, anomalias

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Comentarios
Autor AtaxiA
viernes, 22 de agosto de 2008 | 18:22
Lejos de la polémica sobre el buen estado del avión y demás, que también es para discutir, lo que más me indigna es eso: a ese pasajero lo secuestraron y lo obligaron a morir. ¿Por qué? Es como... una vez que subes a un avión ya no hay marcha atrás. ¿Por qué?

Ni siquiera hay que tener en cuenta que se había retrasado el despegue del avión. Si yo estoy en un avión y deseo salir, por el motivo que sea: un ataque de pánico, arrepentimiento, etc. deberían permitirme bajarme. No pido ni que me devuelvan el billete, ni que me coloquen en otro vuelo. Sería mi decisión y yo aceptaría la responsabilidad. Pero no tengo por qué estar en un sitio donde no quiero estar.

A este señor le ha costado la vida. Si le hubiesen dejado salir estaría vivo. Es una gran diferencia.

¿No pesará eso en la conciencia de los responsables?

Un saludo, Gioser Guiño